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lunes, 12 de octubre de 2015

La insoportable levedad (y brevedad) de las normas (y II)

Quiero pensar que no es muy difícil de entender que en “cuestiones naturales” cualquier pequeño cambio puede tener repercusiones importantes y que, por ello, esas modificaciones deben ser profundamente meditadas. Tal vez sea eso una utopía en España. Hace unas semanas vi un documental sobre una reserva de animales en Sudáfrica en la que había problemas con los rinocerontes, pues los furtivos estaban matando a buena parte de la población; esta reserva es la principal fuente de ingresos para los habitantes de la zona. El documental describía un proyecto de translocación de algunos rinocerontes a otra área sin furtivos; pues bien, dicho proyecto había exigido seis (SEIS) años de estudio previos, en los que se habían analizado numerosas variables (incluidas las que concernían a los habitantes) que podían verse afectadas, tanto en la reserva como en el área de translocación (no, el chiste fácil de que en esos seis años ya habrían matado a los rinocerontes no se cumplió). Aquí, un alcalde proclamaba, no hace mucho, que el dragado del Guadalquivir desde la desembocadura hasta Sevilla se haría aún en contra de los informes científicos negativos, porque así podía llegar más turismo en cruceros; no se lo debió pensar mucho.
Volviendo a la Ley de Costas, la construcción de un espigón favorece que se cree una zona de playa en un lado del mismo, pero, por el contrario, hace que desaparezca en el otro, en el que se instalan procesos erosivos, que poco a poco van haciendo que el mar penetre hacia el continente, con lo que se pueden ver afectados esos maravillosos paseos marítimo y edificios construidos “a pie de playa”. Como ejemplo de ello tenemos el gran espigón construido a la entrada del puerto de Huelva; al detener los aportes de arena a las playas situadas al este del mismo, éstas están perdiendo anchura y se están viendo afectadas las edificaciones que, en su día, se permitió que se construyeran en zonas de dominio público. La construcción de embalses en el Ebro ha provocado que el aporte de sedimentos al delta sea menor (los sedimentos se quedan en buena parte en los embalses), con lo que los agricultores del delta están viendo disminuir rápidamente la superficie cultivable. Podemos seguir poniendo numerosos ejemplos por el estilo. Tal vez hubiera sido necesario analizar antes las consecuencias de estas infraestructuras y haber arbitrado medidas correctoras.
Pero no es necesario exponer las consecuencias de la falta de aplicación o de su rápida derogación de las normas que afectan a grandes extensiones; a escala local y teniendo en cuenta el efecto acumulativo, los problemas que pueden plantear la dejadez o la escasa visión de futuro de autoridades locales llegan a ser muy graves: los más de 8000 municipios que hay en España son los que “controlan” la mayor parte del territorio. Sus decisiones afectan, primero a sus ciudadanos, pero también pueden afectar a los términos vecinos. Por ejemplo, un municipio que permita que alguien corte (nunca se puede apropiar, pues el dominio público es imprescriptible e inalienable) un camino en su término, afecta a los vecinos si este también discurre por sus términos municipales.
A escala local las actuaciones que más pueden afectar a la ordenación del territorio son la inacción ante las infracciones y la gran plaga que en los años de bonanza fue el pan nuestro de cada día: las recalificaciones de terrenos rústicos en urbanos o urbanizables, con el fin de permitir la construcción de grandes urbanizaciones y complejos de ocio (el caso ya citado del Algarrobico es un paradigma), que pretendían aportar pingües ingresos en las arcas municipales.
A este respecto, podemos quedarnos con otro ejemplo disparatado que tuvo gran repercusión mediática. Un pueblo de Ávila con 143 habitantes, planeó (allá por 2006) construir 7.500 chalés y tres campos de golf en un pinar. Supuso la tala de 10.000 pinos y la afección a zonas alto valor ecológico. Las numerosas protestas por parte de asociaciones ecologistas, científicos y parte de los escasos vecinos, se solventaban con frases y actuaciones, que por repetidas en este tipo de actuaciones, se han convertido en “un manual de respuestas y actuaciones para políticos”. Por ejemplo: La Junta de Castilla y León se comprometió a recalificar el suelo años antes de comenzar los estudios ambientales e incluso firmó que indemnizaría al promotor si los técnicos frenaban la recalificación. Frases literales (parafraseando a un personaje de los Simpsons: “a lo mejor las conocen de otras películas”) obtenidas de artículos referidos a ese caso fueron:
·         “este asunto obedece a una manipulación política y mediática que compromete seriamente el desarrollo y bienestar de gran parte de los …”
·         “están ajustados a derecho”.
·         “estos proyectos no destruyen el medio ambiente, sino que suponen una ordenación del espacio”.
·         “implicarán bienestar, infraestructuras y más puestos de trabajo”
·         “cualquier proyecto que un pueblo entienda que es interesante para el desarrollo será bienvenido”.
Lo que a los políticos se le había pasado, pero no a científicos y habitantes del propio pueblo, es que no habría agua para abastecer a la nueva población de 20.000 habitantes: 632.000 metros cúbicos de agua. Es lo que tienen la mala planificación y gestión hecha con prisas.
A escala menor y más cotidiana queda en todos los municipios la proliferación de polígonos ilegales, de segundas viviendas, de industrias en terrenos rústicos no urbanizables e incluso en zonas de especial conservación (en agosto de 2011 denunciamos la actuación ilegal en el arroyo de la Aliseda).  En principio esta permisividad y falta de reflexión lo que hace es desordenar lo que se pretendió ordenar, pero además crea problemas que antes no existían y que son difíciles de resolver: vertidos incontrolados, afectación a zonas de valor natural, extracciones ilegales de agua, por ejemplo. Además, suponiendo que esta figura existiera, le resta “legitimidad moral” a las autoridades que se muestran condescendientes con las infracciones o precipitados en sus decisiones: si se ha consentido que se instale la primera industria en una zona no adecuada al no actuar conforme a derecho, ¿por qué no se le va a permitir al segundo, al tercero, al cuarto, etc. que pretendan hacer lo mismo?
En fin, a mis alumnos siempre les recomiendo que: lean bien las preguntas, planifiquen bien el tiempo que le van a dedicar a cada una y piensen muy bien las respuestas, que la improvisación raramente es aconsejable en cuestión de exámenes.
pln

lunes, 5 de octubre de 2015

La insoportable levedad (y brevedad) de las normas (I)


Hay dos cosas que son infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.
Albert Einstein

En 1970 se publicó la Ley General de Educación (conocida como ley Villar-Palasí), desde entonces se han sucedido varias leyes orgánicas que regulan la Educación en España. Quince años después (1985), ya dentro del período democrático, se publicó la LODE (con el PSOE en el poder) y empezó el desatino: en 1990 la LOGSE (con el PSOE en el poder), en 2002 la LOCE (con el PP), en 2006 la LOE (con el PSOE) y en 2014 la LOMCE (con el PP). Todo ello ha creado incertidumbre y desconfianza en un sistema, como el educativo, que marca la vida futura. No ha dado tiempo a terminar siquiera una etapa educativa completa (desde la infantil hasta el bachillerato y ciclos formativos) ni, por supuesto, a consolidar ninguna de las leyes. El sectarismo, la imprevisión, la improvisación, la falta de perspectivas a medio o largo plazo, están teniendo consecuencias que, sin duda, ya se notan.
Estas leyes afectan a un proceso de larga duración; existen otros ámbitos que también se ven afectados por la brevedad de las normas que les atañen y, lo que puede llegar a ser peor, por su levedad (en cuanto a su cualidad de leve y de ligereza en las cosas). Los procesos naturales son, por lo general, largos, algunos medibles en unidades como el millón de años (en Geología esta es la unidad de tiempo), por tanto sus cambios suelen ser, normalmente, poco perceptibles a escala humana (hay semillas que podemos plantar y serán nuestros hijos los que vean el árbol crecido) y, además, en su desarrollo están implicadas numerosas variables, que hacen que su estudio se complique y se tenga que dilatar, en ocasiones, en el tiempo. Por ello, es necesario que cuando se elaboran normas que afectan a este tipo de procesos, se cumplan tres premisas: que sean de larga duración, que sean meditadas y que su aplicación sea efectiva.
Ejemplos hay numerosos de que esto no se cumple (y lo que es peor, no hay visos de que esto pueda cambiar) en normas de distinto rango; esto es particularmente grave en las que afectan a la regulación del territorio y en aquellas decisiones que tienen que ver con procesos naturales.
La ley de Costas de 1988 prácticamente fue la primera que existió en nuestro país en cuanto a la regulación de este espacio, pues la de 1969 prácticamente se limitaba a asignar competencias a distintos departamentos. Delimitó las zonas de influencia y remarcó el carácter público de las mismas y los principios del artículo 132.1 de la Constitución sobre la imprescriptibilidad e inalienabilidad del dominio público, entre otras muchas cuestiones. No es cuestión baladí el carácter público y los principios de imprescriptibilidad e inalienabilidad del dominio público, pues se pretendía poner freno a los desmanes de las décadas anteriores, que han dejado nuestras costas en un estado lamentable. Posteriormente se actualizó en 2002 y en 2013 se reformó más profundamente, afectando a cuestiones de dominio público que nos hacían volver a condiciones  peores que las que pretendía subsanar la de 1988. Han sido leyes que aún afectado a espacios y procesos naturales han cambiado en demasiado poco tiempo y además han sido leyes que se han incumplido de manera reiterada sin que los infractores hayan sufrido, en buena parte, las consecuencias. Es más, la última revisión viene a representar una especie de amnistía para ellos y, además, da por buena su infracción (los edificios construidos en zonas de dominio público permanecerán). Se ha adecuado la Ley a intereses particulares, pero con el cinismo de querer hacer ver que era por interés público (en la época en que modifica, se entiende que se pregonara que era para crear empleo, para no destruir negocios, para atraer turismo). Esto de disfrazar el interés de unos cuantos como de interés público, está presente en las numerosas y rápidas modificaciones que han sufrido unos cuantos planes de uso y gestión de espacios naturales. En Murcia, por ejemplo, han sido varios los espacios naturales que han visto disminuido su superficie protegida o cambiados sus usos para construir complejos residenciales. En Andalucía tenemos el famoso Algarrobico que invade zona costera de dominio público y que se construyó gracias al cambio de uso de una zona del municipio de Carboneras. En la zona centro, Parques Naturales que se fragmentan para que pasen autovías que van a grandes complejos residenciales y que afectan a especies emblemáticas. Podíamos seguir así con más ejemplos; todos tienen en común el escaso tiempo que han estado vigentes los planes de gestión y, por supuesto, que las modificaciones y construcciones ilegales en los mismos han quedado, en buena parte de los casos, impunes (la ley es leve).
  

pln

martes, 25 de agosto de 2015

El valor natural de Los Pedroches IV



Para dar por finalizada esta serie, me voy a permitir (lo usual sería decir “me van a permitir”, pero veo difícil que alguien no me lo permita) recordar algunas anécdotas que pueden reflejar las distintas percepciones que de la naturaleza (y de su valor) de Los Pedroches se tiene.
En la jornada de clausura de las “II Jornadas sobre Explotación y Conservación de las Dehesas”, que organizamos allá por el año 1.991, fuimos a comer al Santuario de la Virgen de Luna, donde, entre otras viandas, nos esperaban dos jamones de cerdo ibérico que había aportado Miguel Cabrera y Rafael Muñoz. A esas jornadas asistieron algo más de un centenar de personas que se había desplazado desde diversos lugares de España y también de Marruecos y Portugal. La mayoría de los participantes, antes de comer, se dio un paseo por los alrededores del santuario; como desde la cuesta a cuyos pies está éste se observa una gran extensión de dehesa, allí la concentración fue mayor. Pues, aunque para muchos resulte difícil de creer, costó “sangre, sudor y lágrimas” dirigirlos hacia la comida (ni el jamón era reclamo); algunos parecían haber sufrido el síndrome de Stendhal, y eso que la gran mayoría eran estudiosos de la dehesa (o, cuando menos, interesados en ella)
Hace ya algunos meses asistí a una reunión, en el paraje de San Martín, promovida por el CIT de Los Pedroches; en la mesa en la que me tocó estar, al margen de que algunos integrantes se interesaran más por sus negocios que por un programa conjunto, hubo también algunas personas que a la hora de promocionar los valores naturales de Los Pedroches, sólo contemplaban la dehesa. Algo parecido ha ocurrido en otras reuniones más recientes a las que asistieron empresarios relacionados con el turismo (fundamentalmente rural), empresas relevantes de la comarca y entidades supralocales. Creo que ha quedado patente que Los Pedroches tienen otros valores naturales además de la dehesa (si bien desde el punto de vista económico, histórico y social, ésta se lleva la palma)
A este respecto, recuerdo un ensayo de Stephens Jay Gould que aparece en su libro “La sonrisa del flamenco”. En él se refiere a los trabajos paleontológicos del reverendo William Buckland, (1784-1856), y a cómo Buckland trataba de conciliar sus dos mundos: geología y religión. Este paleontólogo hizo un buen trabajo empírico sobre las cuevas y su fauna asociada y ajustó toda su teoría a la acción del diluvio universal relatado en la Biblia (la teoría diluvialista era predominante entonces) Gould nos dice que Buckland estaba razonando al revés: “partiendo de una creencia previa para llegar a una conclusión empírica”. A veces me parece que estamos asistiendo aquí a algo parecido: negamos, olvidamos o no vemos la riqueza en paisajes, en ecosistemas, de Los Pedroches, porque ajustamos nuestras percepciones sólo al ecosistema por el que hemos caracterizado la comarca, a pesar de que hay pruebas que avalan que tenemos “algo más”.
En la reunión del CIT ya citada, ante un comentario sobre la escasez de superficie protegida en la comarca y el valor añadido que supone para atraer turismo (creemos que de calidad) el que haya una figura de protección, la alcaldesa, ya extinta, del único municipio de Los Pedroches que alberga un parque natural, se lamentó de que ya eran demasiados espacios protegidos y que tal circunstancia es un problema más que un beneficio (no argumentó cuáles eran los perjuicios)
Y para terminar, queda recordar un editorial del antiguo “Jaramago” (año 2010; nº 14) en el que dábamos cuenta de las impresiones que habíamos tenido de una reunión que se celebró el 5 de marzo de ese año, en Villanueva de Córdoba, para presentar la Asociación de Defensa de la Dehesa, ADHESA. Decíamos entonces en el “Jaramago” que esta asociación “ha nacido al calor de la futura Ley de la Dehesa, que pretende promover la gestión de la dehesa, fomentar el desarrollo económico y la mejora de la calidad de vida de la población del medio rural ligada a la dehesa, …”  Seguía: “Dependiendo de quien mire la dehesa, le encontrará unos problemas u otros; … Se debe de hallar un equilibrio entre todos los factores implicados, económico, social y ambiental, …. En la reunión del día 5 de Marzo, se habló poco de la componente ecológica, biológica y cultural de la dehesa, de la necesidad de mantenerla viva por sí misma. Muchos se lamentaban de los árboles caídos pero nadie habló de la reposición de estas encinas… Aquella noche se respiraba demasiado la palabra ‘subvención’”. Buenos principios e intenciones, pero de ADHESA poco más se ha sabido (por cierto, también se oyeron lamentos por la “injusticia social” que supuso el no haber sido declaradas las dehesas de Los Pedroches Reserva de la Biosfera)
pln

jueves, 20 de agosto de 2015

El valor natural de Los Pedroches III



A la vista de la información manejada y para cualquiera que conozca medianamente Los Pedroches, se habrá dado cuenta que esos valores altos o medios de biodiversidad que se dan para la mayor parte de la superficie de las ZEC, se corresponden con las zonas más agrestes, de menor presión por parte de la ganadería o agricultura, más “naturales”. Son las zonas de sierras, de los valles de los ríos principales que bordean Los Pedroches, las zonas de monte. El resto corresponde la superficie cubierta por la dehesa y por las zonas de pseudoestepa (en el occidente de la comarca), las zonas donde se desarrolla la actividad ganadera y agrícola. Lógicamente en las dehesas la diversidad de vertebrados es menor (por lo pronto hay que eliminar las especies rupícolas, buena parte de las de peces, también de las de mamíferos) pues es un paisaje más uniforme y simplificado que, por ejemplo, el paisaje en mosaico que se da en la zona norte (sobre todo en Santa Eufemia), en donde pequeños olivares o parcelas adehesadas, se intercalan ente el monte, el cual a su vez asciende hacia las zonas más altas, entre canchales casi desnudos. En cuanto a la diversidad de vegetación (hemos usado el índice fitocenótico) ocurre otro tanto, pues en la dehesa se ha eliminado por completo (o casi) el estrato arbustivo y se ha simplificado el arbóreo; salvo en la dehesas orientales del PN de la Sierra de Cardeña-Montoro, en las que, en ciertas zonas, coexisten quejigos, alcornoques, encinas y melojos, en el resto el estrato arbóreo sólo está formado por encinas; además, en la zona occidental la cobertura de encinas es tan escasa en alguna zona que podemos hablar más que dehesa de psuedoestepa (limitada a un estrato herbáceo y un disperso y poco diverso estrato arbustivo) Pero, a pesar de ello, las dehesas poseen otros valores que difícilmente se pueden medir con estos índices y que les otorgan una significación especial tanto desde el punto de vista social y económico (no es necesario extenderse sobre su importancia en la economía de la comarca) como ecológico y paisajístico (no en balde hay un Parque Nacional, el de Cabañeros, en el que la dehesa es parte importante del mismo)
Por otra parte, la biodiversidad tampoco es un parámetro principal a la hora de establecer el valor natural de una zona. Fijémonos en los mapas de la entrada anterior y veremos que áreas que poseen  semejantes índices de diversidad (o menores) tiene alguna figura de protección (la ZEPA del Guadiato, por ejemplo) por tener otras características importantes (en este caso por albergar importantes poblaciones de las amenazadas aves esteparias) Tampoco hay que olvidar la tendencia a proteger lo menos humanizado, lo más “natural”.
LIC, ZEC (rayado azul) y ZEPAS (rayado rojo) en Sierra Morena
 De hecho, uno de los criterios que se han tenido en cuenta (y así figura en los decretos que les otorgan la protección) para establecer las ZEC del norte de Córdoba ha sido la de constituir corredores ecológicos que unen otras áreas que pueden tener mayor importancia biológica. Obsérvese el mapa de ZEC, ZEPA y LIC de Andalucía y se puede apreciar que las ZEC del sur de Los Pedroches conectan los PN de Andújar y de la Sierra de Cardeña-Montoro con los del norte de Sevilla y Huelva y que estos quedan también conectados con el PN de Doñana y, además, los del norte de Los Pedroches conectan con los del sur de Ciudad Real y sureste de Extremadura. Son auténticos pasillos de dispersión para numerosas especies emblemáticas, entre ellas el lince, que tiene sus núcleos principales en Andújar, Cardeña y Doñana (algunas de las introducciones de lince se están llevando a cabo al sur de Los Pedroches)
En resumen, el hecho de que las dehesas no cuenten con ninguna figura de protección no le quita ningún ápice de su valor ecológico y social: sólo se trata de ecosistemas distintos que, por diversas causas que no tienen que ver necesariamente con la biología, no se considera necesario dotarlos, por ahora, de una reglamentación especial.
pln

lunes, 17 de agosto de 2015

El valor natural de Los Pedroches II



Suponer que para la asignación de una figura de protección a un área concreta sólo se tienen en cuenta criterios biológicos, científicos, es pecar de ingenuos. En la declaración de las dehesas de Sierra Morena como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO, Bartolomé Valle Buenestado sugirió, en un artículo publicado en ABC en el año 2004, otras razones (véase la entrada anterior) Compárese el mapa de extensión de la Reserva de la Biosfera Dehesas de Sierra Morena con el de ecosistemas adehesados en Andalucía y salta a la vista que algún criterio al margen del valor de la dehesa debió de existir para “cortar” el espacio de la reserva por donde se hizo: la declaración sólo incluyó la superficie que estaba ya bajo alguna figura de protección.

Extensión de la Reserva de la Biosfera Dehesas de Sierra Morena

Ecosistemas adehesados en Andalucía (en verde)

Pero, evidentemente, los datos científicos sí han servido para establecer los LIC, ZEC, ZEPA y Parques Naturales. Demos un breve repaso a algunos datos de esta índole; en ellos se aprecia una estrecha correlación entre un buen valor para los datos en cuestión y la coincidencia con la superficie que ocupan las ZEC en Los Pedroches.
Empecemos por un dato como la diversidad de vertebrados. Hay varios índices para calcularla; el más usado es el de Shanon-Weaver, que tiene en cuenta el número de especies (riqueza de especies) y la abundancia (efectivos de cada especie); en este índice los valores oscilan entre 0 y 1 (máxima diversidad)
Índice de Shanon-Weaver

Índice de Shanon-Wiever y su relación con las ZEC

En el mapa, las líneas (a modo de las típicas isobaras de un mapa del tiempo) indican los valores de biodiversidad para los vertebrados según el citado índice; como vemos los números representados en la comarca son 0,7, 0,8 y 0,9, situándose los dos últimos valores sobre todo en la periferia (que, como ya dijimos, alberga la mayor superficie de ZEC) No puede ser casualidad.
Índice de diversidad fitocenótica

Índice de diversidad fitocenótica y la relación con las ZEC
 Si lo que queremos es conocer la diversidad en la vegetación la cosa se nos complica considerablemente, pues es necesario tener en cuenta muchos factores (cobertura, número de estratos, grado de naturalidad, grado de amenaza, etc.) e integrarlos todos en uno o unos pocos índices. Para entender mejor esta cuestión puede consultarse el siguiente enlace para la página web dela Consejería de Medio Ambiente etc., de la que se han extraído datos para elaborar parte de la información gráfica de estas entradas.
Hemos escogido un mapa del índice de diversidad fitocenótica, pues éste tiene en cuenta otros índices (el de hábitats y el de diversidad estructural). Como no es cuestión de ponerse en plan técnico, sólo diremos que los tonos verdes más intensos indican más diversidad y los pardos más claros menos. De nuevo existe cierta correlación entre una diversidad más alta y la situación de las ZEC, y tampoco debe ser casualidad (aunque en este caso habría que matizar más la cuestión)
Estos índices numéricos (el eterno complejo de la biología: encontrar leyes, fórmulas, que la acerquen a las ciencias serias como la física y las matemáticas) nos ofrecen una importante información sobre el valor natural de unas zonas, y si a ello le sumamos otras consideraciones igual de válidas, como el que en ellas haya especies que sea necesario proteger o conservar, que sean reservorio de alguna especie importante en la provincia o región (hablando en términos biogeográficos), que constituyan corredores de comunicación con otras áreas interesantes, etc., tendremos los criterios suficientes y objetivos (hasta donde se puede ser objetivos) para valorar la posibilidad de asignar alguna figura de protección. Después vendrán otras consideraciones de tipo “político” y social.
A la vista de los datos expuestos podríamos pensar que la mayor parte de Los Pedroches carece de interés natural, y nada más lejos de la realidad, pues es necesario no sólo ver los números si no que hay que interpretarlos y si es necesario hasta cuestionarlos o corregirlos (con otros datos)
pln 

OTRA NOTA: En estas entradas aparecen ZEC y LIC; para hacerse una pequeña idea de lo que representan estos acrónimos se puede consultar esta entrada y si se desea profundizar esta otra.